22 octubre 2005

 

POEMAS AL EVANGELIO DE SAN JUAN I

LA PALABRA

En el principio existía la Palabra
Y la Palabra estaba junto a Dios,
Y la Palabra era Dios.
Jn. 1,1

Cuántas veces hemos dicho:
Me falta una palabra.
Y nos hemos puesto a buscarla
en palabras de amigos
sabiendo que ellas, como todos los poemas,
siempre proceden de otras más luminosas,
de arcones y delirios.

Hay palabras necesitadas de cariño
que ronronean por las intenciones
deseosas de salir
a la pasarela de los labios.
Son las que más se cansan
por ir de un lado a otro
sin encontrar en los rincones de la boca
una ternura.

Luego están las palabras
que en público no pueden decirse
porque al público nada significan.
Mantienen sus puertas cerradas por pudor
ya que se pasan los veranos y los inviernos
desnudas.

Además, hay palabras
que pueden llamarse irresponsables:
Las que no colaboran,
las que nunca ayudan a construir
el edificio de una conversación
o el de un poema.

He visto sobre los ríos
bañarse las palabras
y escuchar “abril, abril”
cuando llovía.
Las he visto después
secarse al viento
y tiritar ante las despedidas.

Un amigo me dijo
que él conoce palabras
que bajan la vista
cuando se cruzan con otras
sin saber por qué.
Tal vez algún día, enfrentadas,
se hicieron daño
o porque, unidas, no pudieron resolver
un pleito de amor
o una codicia.

Cuando las palabras son dulces y ajenas
suelen despertar a las propias
dormidas largamente en sus intimidades.

Todas las palabras son destino
del que vive y desea
por encima de lo que pasa.

Hay también palabras
que despiertan besos.

...Y en todas las palabras
Dios se dice.

 

POEMAS AL EVANGELIO DE SAN JUAN

LA LUZ TAPADA



...Yo no le conocía, pero he venido
bautizando con agua
precisamente para que el pueblo
de Israel le conozca. (Juan 1,31)

Escribimos de Dios
y nunca lo hemos visto.
Del aire, del paraíso escribimos
aún sin alas
y sin alcanzar en el jardín las palmas
de las últimas palmeras.

Escribimos sobre el amor
un rato
y ya desde el olvido. Porque
el amor es un viento de arena
que nos ciega los ojos
para vernos por dentro.

De todo hemos escrito y
a ningún sitio hemos ido,
ah,
mientras,
el tiempo investiga las horas
que nos quedan
sin que la pasión sea ya la orilla del tiempo,
su tren a toda prisa,
su urgencia no gozada.
Por eso estalla siempre
en lo frágil de las dudas.

Escribimos de amores y paraísos,
de cosas que nunca han existido,
como de calles lentas,
infinitamente largas,
calles sin casa y sin salida.

Escribimos del odio
de la guerra;
del azul,
estando ciegos.

Escribimos
hasta que el corazón
se queda sin palabras
y la noche regresa
al ovillo gastado de su sombra.

Todos los afanes se pierden
por el llanto.
Recuerdo
que también yo he escrito
de la fruta prohibida
del árbol más hermoso
con la esperanza de mejores manzanas.
Pecado fue no haber sabido que era luz
la luz tapada
en el verde de las hojas.

Aún aguardo las ramas de un amor
que me quemara el pecho.

Aún aguardo la sangre que brota
de los besos.

Soy una esquina que sospecha
de alguien que pasó una vez
robándome las vidas que me prometieron.

Tengo fe, sin embargo,
en lo perdido.
P.Villarejo

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