14 diciembre 2009
PREGÓN DE NAVIDAD. ANTEQUERA 2009

PREGÓN DE NAVIDAD ANTEQUERA DICIEMBRE 2009
Belén era un pueblo pequeño, insignificante, alejado de la búsqueda de los ambiciosos. Lleno en la noche de farolillos ardiendo. Y Dios quiso nacer allí, escogió los mimbres del olvido para fabricar un cesto de salvación.
Belén era un pueblo pequeño, insignificante, alejado de la búsqueda de los ambiciosos. Lleno en la noche de farolillos ardiendo. Y Dios quiso nacer allí, escogió los mimbres del olvido para fabricar un cesto de salvación.
Desde entonces, Belén es sinónimo de búsqueda, de inocencia, de volver a sentirnos pequeños en la infancia que el tiempo nos ha hecho olvidar. Desde entonces, Belén es un portal abierto que cada uno, con la excusa de la Navidad, saca del pecho a ver si este año, entre las filigranas de la nieve, terminamos encontrándonos con el Dios frágil, sencillo, que aún sigue creyendo en los hombres, salvando a los pueblos.
Los Belenes que de niños todos hemos hecho o hemos participado, representan la majestad de lo sencillo. Son un canto a la humildad deseada, al río que en otras épocas simulábamos con papel de plata; a las palmeras, verdes y quietas sobre la arena de un desierto en el que Juan advertía de un nacimiento extraordinario. Sobre el palacio de cartón de Herodes, una luz repentina señalaba las diferencias de la maldad. Junto a las casas de adobe, algunas ovejas pastando el rocío sobre la hierba escasa y finalmente un camino distinto, sembrado de naranjos pintados, conducía al Portal adonde el Niño siempre tenía los ojos abiertos, y María y José se arrimaban a la candela de los sueños como quien conoce el porvenir dichoso de los fuegos a tiempo. Hoy, los belenes, están llenos de ríos naturales; los de Antequera, por los olivos, puede que tengan hasta vareadores mecánicos de aceituna. En la llanura de los belenes de hoy los niños se columpian mirando de reojo el resplandor de las fraguas… Pero entonces, nuestros belenes estaban repletos de las íntimas figuras que fabricaban, con sus manos de pobre, los sentimientos. En los antiguos belenes, el Niño por fin aparecía espléndido, mientras la Virgen sin dolor se peinaba en villancicos con aquel peine de plata.
A través de la Historia los poetas nos han enriquecido con palabras exquisitas, con acierto variado en su fijación de Belenes. San Francisco de Asís fue el primer poeta callado que tuvo la ocurrencia de recrear el Belén del Niño-Dios en su región de la Umbría. Parece que fue allí donde nació en figurillas de barro, de la mano de un San Francisco, dispuesto a que los pajarillos cantasen, con aquel frío, y se hiciera en el campo el milagro de las amapolas.
Lope nos regaló la delicia de cuatro versos, a modo de la mejor alabanza: “Caído se le ha un clavel / hoy a la Aurora del seno / ¡Qué glorioso que está el heno / porque ha caído sobre él!”…
Lope nos regaló la delicia de cuatro versos, a modo de la mejor alabanza: “Caído se le ha un clavel / hoy a la Aurora del seno / ¡Qué glorioso que está el heno / porque ha caído sobre él!”…
Fray Juan de la Cruz, mientras bailaba con un Niño Jesús que sigue intacto y que ahora baila solo en el museo de Úbeda, escribió en una duermevela: “Del Verbo Divino / la Virgen preñada viene de camino / si le dais posada…” Cómo cerrar la puerta a quien ofreció su amor, su vientre para que en el primer Belén Dios se hiciese llanto para dejar en el hombre su alegría.
Seguro que con otra intención, aunque con la mejor aplicación, Miguel Hernández oteó desde su verdad el horizonte de la salvación y nos dejó dicho: “Viene con tres heridas, la del amor, la de la muerte, la de la vida”. Las heridas del amor nunca terminan de cicatrizar, siempre hay en ellas una vena quebrada que supura en el dolor o en el desconocimiento del otro. Con esas tres heridas aparece el Niño Dios en Belén: en sus manos poderosas de Dios, la vida; un infinito pecho, un pecho universal para darle cobijo a tanto amor con que nos habría de redimir. Y con una última herida, la de la muerte, la de la cruz, la de la vida.
Nuestro poeta recién muerto y recién nacido, José Antonio Muñoz Rojas, con sus ojos pequeños de mirarse por dentro, nos escribió también con motivo de la Navidad: “Uno es poeta / que ve de pronto /una rendija abierta / a una luz indudable”. Verdaderamente el Belén es una luz que nos persigue por el mismo recorrido de la sangre.
Los amigos de los Belenes de Antequera, sólo han tenido que fijarse en la hermosura de una ciudad que lleva siglos siendo Belén de ella misma, señora de casi todos los rezos de la Historia multiplicados en sus muchas iglesias, todas ellas empapadas de corazones suplicantes, de agradecimientos celestiales. El recogido Belén de las Carmelitas Descalzas, es buena prueba de que únicamente lo que en verdad es hermoso sólo necesita unas casitas en cuesta alrededor de una esperanza. Antequera es la ciudad ideal para doblar y desdoblar alturas y quedarse en el nivel desde donde el arte y el paisaje navegan conducidos por la mano grande y generosa de Dios.
Amigos de los Belenes de Antequera, vuestro trabajo tiene muchos perfiles que han de ser elevados a la luz y al reconocimiento de una ciudad como ésta llena de corazones y de iglesias. Cada vez que elaboráis un Belén estáis, además, manifestando al complicado mundo que nos ha tocado vivir, que en cada hijo que nace hay una salvación. La de Jesús pudo demostrarse en nosotros; la de otros que no dejan nacer, se quedará dormida, indefensa en el ejercicio de una libertad torpe y camuflada con mentiras. Una salvación desterrada en cada hijo que no dejan nacer.
Los amigos de los Belenes de Antequera, sólo han tenido que fijarse en la hermosura de una ciudad que lleva siglos siendo Belén de ella misma, señora de casi todos los rezos de la Historia multiplicados en sus muchas iglesias, todas ellas empapadas de corazones suplicantes, de agradecimientos celestiales. El recogido Belén de las Carmelitas Descalzas, es buena prueba de que únicamente lo que en verdad es hermoso sólo necesita unas casitas en cuesta alrededor de una esperanza. Antequera es la ciudad ideal para doblar y desdoblar alturas y quedarse en el nivel desde donde el arte y el paisaje navegan conducidos por la mano grande y generosa de Dios.
Amigos de los Belenes de Antequera, vuestro trabajo tiene muchos perfiles que han de ser elevados a la luz y al reconocimiento de una ciudad como ésta llena de corazones y de iglesias. Cada vez que elaboráis un Belén estáis, además, manifestando al complicado mundo que nos ha tocado vivir, que en cada hijo que nace hay una salvación. La de Jesús pudo demostrarse en nosotros; la de otros que no dejan nacer, se quedará dormida, indefensa en el ejercicio de una libertad torpe y camuflada con mentiras. Una salvación desterrada en cada hijo que no dejan nacer.
Los hijos son huellas, crujidos que se estremecen en los vientres de las madres como si nadaran en un mar de posibilidades. Yo sé, queridos paisanos de Antequera que vuestro afán por pregonar los belenes, por revestir de sentido las navidades, tiene su raíz en un reconocimiento a las mujeres embarazadas, a las madres que aquí tuvieron sus hijos y en Antequera buscaron en todos nosotros ángeles de la guarda que custodiaran sus ilusiones, que enderezaran sus caminos. Porque todo hijo trae un destino escondido en los pasos del amor con que sus padres llenaron las noches de sus deseos. Cada hijo es un fruto crecido en la rama grande del mundo. Rama del árbol que Dios sostiene con el andamiaje de la cruz. Ah, el misterio de unos labios que se forman en lo oscuro. El misterio de una nariz y de unos ojos, de unas manos donde el calor se agranda con los abrazos.
El de ahora es un tiempo propicio en el que podemos preguntarnos a solas para quién y para qué hemos nacido. Y de reprendernos por las noches oscuras, por los egoísmos y las intransigencias, por los miedos tapados con murmuraciones. Pero es el tiempo también de reconocer los deberes cumplidos, el alboroto de la luz en los días felices, la eternidad inocente y pequeña que dibujamos en cada Belén.
Amigos entrañables de Antequera, es el tiempo de la esperanza.
Termino recomendando a los niños y a los mayores que cada diciembre renovamos el signo de nuestra fe poniendo en nuestras casas el Belén, este hermoso poema de Luis López Anglada:
Termino recomendando a los niños y a los mayores que cada diciembre renovamos el signo de nuestra fe poniendo en nuestras casas el Belén, este hermoso poema de Luis López Anglada:
Tomad papel de plata, haced un río
Y colocad encima de él un puente;
Fabricad un portal, ponedle enfrente
De papel y cartón, un caserío.
Simulad la blancura del rocío
Con un poco de harina y, lentamente,
Hacedla que descienda suavemente
Como la nieve cae, blanca de frío.
Colocad las figuras una a una,
La Virgen y José, junto a la cuna,
Y en ella el Niño, en el pesebre echado.
Y si después que todo lo habéis hecho,
Sentís que hay una estrella en vuestro pecho
Es que está el nacimiento terminado.
Y colocad encima de él un puente;
Fabricad un portal, ponedle enfrente
De papel y cartón, un caserío.
Simulad la blancura del rocío
Con un poco de harina y, lentamente,
Hacedla que descienda suavemente
Como la nieve cae, blanca de frío.
Colocad las figuras una a una,
La Virgen y José, junto a la cuna,
Y en ella el Niño, en el pesebre echado.
Y si después que todo lo habéis hecho,
Sentís que hay una estrella en vuestro pecho
Es que está el nacimiento terminado.