24 abril 2012
CORAZÓN SIN TRAMPA
Corazón de Santa TeresaCORAZÓN SIN TRAMPA
Cuando es más grande lo que nos sucede que nosotros mismos, se guarda en el corazón la desmesura. Cuando el amor duplica lo soportablemente previsto, el corazón se hace despensa de lo que sobra. Cuando el amor ni asoma la cabeza por lo soñado, es el corazón quien tapa esos vacíos. El corazón es esa Fuente que se obliga a sí misma a llevar la sangre a todos sitios. Sólo el corazón es capaz de archivar, de otra manera, la memoria de las cosas que no pudieron resolverse y que esperan en paz el turno de la clarividencia.
La Virgen María ha recibido más gracia que nadie porque tiene que soportar el peso de las grandezas, que siempre son tan oscuras. El Niño ya se le entretiene en conversación con los doctores, se pierde tres días y se embelesa hablando de que su oficio de redentor ya hace tiempo que está escrito en los libros. Mientras los expertos comprueban las Escrituras para ver si es cierta esta autoridad con la que habla el hijo del carpintero, María, como toda madre, va de un lado a otro de su corazón buscando la respuesta de un hijo que ya se le ha ido. Porque los, hijos, cuando comienzan a responder lo que los padres no entienden, es porque ya se han ido; es porque comenzaron, desligados, a definir su propia circunstancia sin la ayuda, sin la generosa protección de quien cobija: comienza para ellos en ese instante la vida, con su doble estrella de dolor y de gozo, en la solapa.
Pero el radar sigue instalado en el corazón de los padres. Y ese corazón se ha de encargar siempre de que la razón beba en el compás de su sangre las razones que trae la inteligencia, se encargará de domesticar bondadosamente las ausencias o los olvidos o las torpezas de sus hijos, a los que nunca han de llegar los juicios, nunca los reproches verdaderos.
En el corazón de todos los que aman apasionadamente, se guardan la furia y los deseos, la actividad deshecha, la luna viscosa de ciertas madrugadas, el coraje callado, las miradas y, sobre todo, en el corazón guarda la soledad su más viejo destino.
P.V.