20 septiembre 2005

 

EDITH STEIN

Edith Stein, primera judía elevada a los altares desde los tiempos apostólicos

Roma. Juan Vicente Boo

«¡Que nunca mas se repita el Holocausto!», gritó ayer Juan Pablo II en la Plaza de San Pedro durante la canonización de Edith Stein, la primera judía elevada a los altares desde los tiempos apostólicos. La multitud, que incluía muchísimos alemanes y familiares de la santa, prorrumpió en un aplauso, repetido cuando el Papa pidió que el ejemplo de la carmelita mártir en Auschwitz «ayude a la comprensión recíproca entre judíos y cristianos».

El Pontífice que sufrió en propia carne la persecución nazi en Polonia vestía ornamentos rojos, color del martirio, y una mitra cuyo diseño recordaba la llama del Espíritu Santo o también las llamas del intento de exterminio de un pueblo. Eran también rojas las rosas que acompañaban junto al altar las reliquias de la santa, cuyo rostro apareció en la fachada de la Basílica cuando el Papa leyó el decreto de canonización. Hasta los andamios metálicos –que cubre toda la fachada mientras dura la limpieza para el Jubileo y «encarcelaban» ayer la figura de Edith Stein– recordaban en su lenguaje de barras de hierro que Santa Teresa Benedicta de la Cruz murrió en una prisión.

Amor por la verdad

Asistieron a la misa varios miembros de la familia Stein y decenas de miles de peregrinos llegados de Alemania –donde nació la santa– y de Polonia, donde estaba el campo de exterminio nazi de Auschwitz, en el que murió Edith Stein. La delegación oficial alemana la presidió el canciller saliente, Hemult Kohl, y la polaca el primer ministro, Jerzy Buzek.

Beatificada por el Papa en Colonia (Alemania) en 1987, Edith Stein nació en una familia prusiana judía de estricta observancia, en 1891, se convirtió al catolicismo en 1922, ingresó en el Carmelo en 1934 y, tras ser deportada a Auschwitz, murió en la cámara de gas en 1942. La biografía de la nueva santa, considerada apóstata según la fe judía, refleja su capacidad para asumir el cristianismo sin renegar de su pueblo pero con la superación de la visión "étnica" en que éste permanecía anclado. A los 15 años perdió la fe judía y a partir de 1913 estudió filosofía en la universidad de Gottinga, atraída por la fenomenología de Husserl, cuya reflexión sobre el ser suponía un retorno a la objetividad tomista frente a las corrientes relativistas de la época. En 1933 tras ser separada de la docencia por su condición de mujer y judía por las leyes racistas nazis, denunció en una carta a Pío XI la persecución de que era víctima la comunidad judía. En 1934 entró en el carmelo de Colonia y en 1939 fue trasladada al de Echt (Holanda), que se consideraba más seguro, pero fue arrestada en agosto de 1942 cuando la protesta de la Iglesia holandesa provocó la airada reacción de Hitler.

En su homilía, el Papa subrayó que la santa «por ser judía fue deportada, con su hermana Rosa, también carmelita, y otros muchos judíos a Auschwitz, donde junto a ellos encontró la muerte en las cámaras de gas, de todos los cuales hacemos memoria hoy con profundo respeto». El Papa citó varias veces escritos de la carmelita y su consejo de «No aceptar ninguna verdad que no venga acompañada del amor, y no aceptar ningún amor que no venga acompañado de la verdad. Uno de ellos sin el otro se convierte en mentira destructiva». El Papa profundizó en otros aspectos de la vida de Stein, destacó su ideal de amor a la libertad y a la búsqueda de la verdad, y repitió su frase de que «quien busca la verdad conscientemente o inconscientemente busca a Dios».En las palabras del Papa-filósofo se notaba el cariño por una mujer pionera como ayudante de cátedra de Edmund Husserl, el creador de la fenomenología, muchos de cuyos elementos incorporó a su pensamiento el propio Karol Wojtyla.

«El amor por Cristo pasa a través del dolor», continuó Juan Pablo II, quien citó la «ciencia de la Cruz» que tanto amaba Edith Stein y denunció, casi a gritos que «Muchos de nuestros contemporáneos quieren hacer callar la Cruz». Fue a través del dolor, el sufrimiento por la discriminación contra los judíos y, finalmente, el martirio, como Santa Teresa Benedicta de la Cruz realizó «su subida al Monte Carmelo».

Según el historiador carmelita y postulador de la causa, Padre Simeone Fernández, la joven alemana de Breslau –hoy Wroclaw, en Polonia–, pionera de la enseñanza universitaria y de los derechos de la mujer, es la primera persona judía canonizada desde los tiempos apostólicos. Es casi seguro que entre los santos de la baja Edad Media figuren judíos conversos, pero el caso de Edith Stein es diferente porque se declaro hasta el final «hija del pueblo hebreo e hija de la Iglesia». Paradójicamente, su arresto en un carmelo de Holanda fue la represalia nazi contra una pastoral de los obispos holandeses en defensa de los judíos.El mismo Papa que hace unos días clamaba contra las matanzas étnicas en Kosovo, recodó ayer la organizada por Hitler y pidió «que nunca mas ningún pueblo, ningún grupo étnico, ninguna raza repita una iniciativa criminal similar en ningún ángulo de la Tierra». Editorial



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